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martes, enero 13, 2009

Y otra vez en la esquina, un ruido de espera. Mira hacia ambos lados. Busca a alguien. Levanta algo del suelo. Quizás una moneda. O nada. Y se va.

Vuelve al departamento oscuro, cerrado. Las persianas bajas.
Vuelve al ruido del teclado. La pantalla ilumina su cara de niña traviesa.

Parece que piensa pero solo quisiera amar.

Frunce el entrecejo como queriendo llegar a alguna conclusión.

No dice nada. Mira con ojos grandes su alrededor. Observa. Muchos confunden su timidez con soberbia. Allá ellos. Acá yo. Que la veo y no la confundo con nada. Que veo su miedo, su pudor, su dolor.

En esta esquina. Esquivando dardos certeros. Herida por sueños imprecisos. Que injusticia que no pueda ver más allá de su muro.

Si tan solo levantara la mirada, vería a este voyeur, a este negligente amante de las soledades ajenas, que muere cada vez que consigue lo que ama.

martes, mayo 20, 2008

Una noche gris.
Caminando con las manos dentro de la campera. Los dedos duros, la nariz roja, la boca humeando.
Llega a la esquina, lo ve.
Calla un silencio interminable.
Su mirada se quiebra como un caleidoscopio.
¿Qué hacer? ¿Quedarse o huir? ¿Hacia dónde?
Las vías resuenan vacías, como las calles, como toda la ciudad, como su cuerpo.
Él da un paso. Ella retrocede. Él extiende su brazo, ella tiesa lo mira acercarse. El brazo, como un miembro independiente toma el hombro de ella. Y esa presión esa fuerza le provoca un estremecimiento ancestral. Duda...correr, pedir ayuda. A quién. Por qué.
Tiene miedo de quedar atrapada. Un miedo como miel, como espina. La mano de él tiembla. No es la única que tiene miedo. Ambos podrían huir, no verse más. Sin embargo algo los hace permanecer ahí casi sin mirarse, casi sin tocarse. Pero mirándose, pero tocándose.